sábado, 20 de marzo de 2010

Ojos Azules de Tormenta


El océano ruge contra mi nave gris,
y yo navego, con ojos llenos de tiempo,
hacia el horizonte, oscuro, electrizado;
sin descanso.

Los olas se alzan como torres,
ensombreciendo mi solitaria vela,
y braman como toros, surcando la atmósfera.
Y rompen, como atlantes malditos,
con la cólera de siglos,
quebrando madera, huesos y espíritu.

Caigo al abismo de penumbra y veo mi mástil,
partido, a la deriva.
Las aguas inundan mis pulmones y cierro mis ojos,
¿o acaso no ven sino la nada más absoluta?

Y entre los remolinos salvajes se hace una calma,
y surgen tus cabellos rubios, tu piel perfecta,
y coges mi mano y me cantas con tu voz extranjera.
¿De dónde sales, mi ondina,
impasible a estas aguas turbulentas?

Me lanzas al cielo, sobre las olas,
y suspendido entre las nubes amontonadas,
me enseñas la belleza de este océano,
ancho, profundo,
como tus ojos azules de tormenta.