domingo, 19 de septiembre de 2010

El Reino Venidero


Soñó que había un océano opalino,
de aguas vivas,
que daba a una costa blanca,
roja y negra.

La brisa le arrastró por cordilleras de nubes
pulsantes de rocío,
sobre olas de arcilla culta
y prados de roca metamórfica.
Había árboles, había historia,
y había sonrisas.

Pero atravesó sus almas,
y descubrió su tristeza antigua
y su soledad geológica.
Eran océanos y nubes;
estaban hechas de arcilla y piedra.

Como reyes dormidos en tumbas lejanas,
dicen que pérfidas,
que esperan despertar
con la llegada del Reino Venidero,
como orgullosos hijos de un Dios olvidado,
dicen que muerto.

miércoles, 9 de junio de 2010

Titán




Yo miro al cielo y te imagino, Titán,
rodeado por las tormentas de metano
de tu atmósfera prebiótica;
surcado por dunas congeladas
bajo la sombra inabarcable de Saturno,
flotando ligero
sobre las aguas estrelladas.

Yo imagino atardeceres sentado en tus colinas,
admirando el reflejo del Sol menguante
en los anillos de hielo especulado.
Yo sueño con adentrarme en tus entrañas,
para descubrir tus secretos profundos,
tus océanos de amoniaco.

Mi luna orgánica,
aun sometida al dios del tiempo,
no eres real,
porque nadie suspirará por ti
a la orilla de tus lagos de metano.

Porque los mineros de Titán,
hastiados en sus jaulas de oxígeno,
mirarán a tus cielos con ojos desenfocados,
anhelando mis mares de agua dulce,
mis bosques perennes
y mis atardeceres rosados.

sábado, 20 de marzo de 2010

Ojos Azules de Tormenta


El océano ruge contra mi nave gris,
y yo navego, con ojos llenos de tiempo,
hacia el horizonte, oscuro, electrizado;
sin descanso.

Los olas se alzan como torres,
ensombreciendo mi solitaria vela,
y braman como toros, surcando la atmósfera.
Y rompen, como atlantes malditos,
con la cólera de siglos,
quebrando madera, huesos y espíritu.

Caigo al abismo de penumbra y veo mi mástil,
partido, a la deriva.
Las aguas inundan mis pulmones y cierro mis ojos,
¿o acaso no ven sino la nada más absoluta?

Y entre los remolinos salvajes se hace una calma,
y surgen tus cabellos rubios, tu piel perfecta,
y coges mi mano y me cantas con tu voz extranjera.
¿De dónde sales, mi ondina,
impasible a estas aguas turbulentas?

Me lanzas al cielo, sobre las olas,
y suspendido entre las nubes amontonadas,
me enseñas la belleza de este océano,
ancho, profundo,
como tus ojos azules de tormenta.