miércoles, 16 de julio de 2008

Ilain

Ilain es un lugar extraño, un grupo de rocas cubiertas de musgo que flotan en el vacío, que sustentan árboles, donde viven libélulas, con las que juega un duende. En la roca más alta nace un arroyo de agua clara, que de una roca a otra salta, derramando gotas de rocío, como lágrimas.

Ilain se encuentra en el centro de los Cinco Reinos, que son el Yermo, una llanura desolada donde el viento negro ruge sin descanso; la Megápolis, un entramado de metal y ruedas dentadas, que se derrumba bajo el peso de sus monstruosas torres, y vuelve a alzarse, reparado por máquinas; la Tormenta, un mar embravecido de aguas tenebrosas, iluminado por relámpagos; los Riscos, un muro escarpado que araña el manto de nubes que eclipsa el océano; y los Valles, sombríos, poblados por bestias indómitas.

Ilain es un lugar de paz, pero para llegar a él hay que traspasar las Puertas de Bronce, que guarda el Ángel de Bronce, que lleva el Libro de Bronce, con una pregunta en los labios.

La pregunta es sencilla: "¿Quién eres tú?"

Al Ángel de Bronce no se le puede mentir, pues lleva el Libro de Bronce, donde está escrita toda tu vida. El Libro de Bronce es voluminoso, pero no tanto como imaginas, porque en él sólo queda registrada la verdad. Si no dices la respuesta correcta, el Ángel te dará la espalda durante 9 años. Nada de lo que hasta entonces digas escuchará.

Mientras llega tu nueva oportunidad, puedes quedarte junto a las Puertas de Bronce, o puedes adentrarte de nuevo en los Cinco Reinos. También puedes coger una nave gris, si sabes construirlas, y partir hacia otras costas, para olvidarte de Ilain para siempre. Tú eliges, pero recuerda, hay muchos lugares en el mundo, pero sólo hay uno donde las rocas flotan en el vacío, sustentando árboles, donde viven libélulas, con las que juega un duende.

Soñé Contigo

Ayer soñé contigo.
Te acercaste a preguntarme
cuando me viste leyendo un libro.

Ayer soñé contigo y ahora pienso que existes,
que lees mi libro, en algún sitio,
que piensas en mí, como yo contigo.

Ayer soñé contigo, sobre una duna de dos mil metros,
azotada por los vientos huracanados
de mi yermo desolado,
con el rostro erguido,
con una sonrisa en los labios.